como persona creativa, uno está obligado a deconstruir para encontrar una nueva configuración. una vez creada, probada y explorada esa nueva figura, se nos exige desmontarla de nuevo. como con los lego. para hacer algo así, es necesario volverse vulnerable, desarmar ciertos patrones de pensamiento condicionados y abrirse a lo nuevo.
como compositor, me he deconstruido y reconstruido de mil formas, tanto en la canción como en la vida. para crear una canción, subo mi sensibilidad al máximo y trato de atrapar algo que venga de lo más profundo —o de lo más alto— de lo que llevo dentro.
para mí, el espíritu subjetivo individual es clave para la supervivencia de la sociedad en su conjunto. necesitamos ese espíritu individual —la espiritualidad— como antídoto frente al materialismo tóxico. cuando una persona puede estar abierta, receptiva al crecimiento y a la guía de su propia voz interior, también puede conectar mejor con los demás y empatizar de verdad.
hablando del poeta estadounidense walt whitman, allen ginsberg [mi héroe personal] dijo que los versos de su poema épico hojas de hierba eran materia de revolución…
“me celebro a mí mismo / y me canto a mí mismo / y lo que yo asuma, tú también lo asumirás…”
para allen, este poema fue una ruptura con el pensamiento nacionalista y patriótico convencional, hacia un “yo personal, sujeto, subjetividad, franqueza del individuo, lo sagrado de la conciencia personal única, excéntrica, curiosa y solitaria”. inspiró el despertar de una conciencia democrática a nivel mundial, desde leningrado hasta tokio, parís y shanghái.
para mí, el proceso creativo de deconstrucción e introspección es clave para mi supervivencia y crecimiento. sin embargo, el reto está en las maniobras de marketing necesarias para convertir el alma en bruto en una forma de sustento, sobre todo en el mundo invasivo de las redes sociales…
espero que todos estén alimentando sus mundos interiores y escuchando las voces que vienen de dentro —dependemos de ello.


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